El vapor aún se aferraba al filo de la puerta del baño cuando Rumi salió envuelta en una toalla, el cabello negro cayendo en mechones húmedos sobre sus hombros. Mira seguía dentro, masajeándose el cuero cabelludo con calma ritual, mientras Zoey ya había salido antes y estaba tirada en el sofá revisando memes con una máscara de arcilla verde en la cara.
En cualquier otro grupo de idols, bañarse juntas hubiera sido escándalo, tabú o simple incomodidad. Pero para ellas, después de haber compartido sangre, llanto y cenizas demoníacas… el pudor se volvió irrelevante.
Había algo sagrado en esa costumbre. Un baño compartido era una confesión sin palabras:
“Sigo aquí. Confío en ti. Gracias por seguir conmigo.”
Rumi se vistió con una pijama sencilla — camiseta blanca, shorts grises — y, sin decir nada, caminó descalza hacia el balcón del penthouse.
El aire de diciembre le acarició la piel como una bendición fría. Bajo ella, Los Ángeles se extendía como un océano de neón y humo. Rascacielos, pantallas publicitarias, sirenas lejanas, autos como sangre artificial moviéndose entre venas de asfalto.
Sonrió apenas.
«Cinco meses…» pensó, apoyando los brazos en la baranda metálica. «Cinco meses desde que ganamos… y aún así, sigo sintiendo que perdí algo.»
Ya no tenía que esconder sus marcas demoníacas. Las lucía con orgullo ahora, como tatuajes naturales que respiraban con ella, que latían cuando su voz se alzaba.
Eso… se lo debía a él.
Cerró los ojos. Respiró hondo.
Jinu. El demonio que no me quiso corregir. El que no me llamó “error”. El que me miró como si lo demoníaco también pudiera ser digno… Como si yo pudiera ser hermosa, incluso rota.
Una risa suave, nostálgica, le escapó sin permiso.
«Si no fuera por ti… todavía estaría pintando mi piel para esconder lo que soy.»
Entonces, sin darse cuenta, su pecho se llenó de ese calor que siempre precedía a una canción. La melodía no nació en su garganta. Nació en el recuerdo.
Y cantó, apenas un susurro al viento:
🎶 “You were the shadow that taught me to shine, The monster who said I was fine. If loving you was sin… Then let me sing it again.” 🎶
La ciudad no respondió. Pero el espejo del ventanal a su izquierda… vibró.
Como si algo — o alguien — hubiera escuchado.