La noche estaba cubierta de neón y lluvia. Jaekyung manejaba sin rumbo, con los nudillos blancos sobre el volante. Acababa de discutir con Dan —otra vez—. “Ya no te preocupes tanto. No quiero depender de ti”, le había dicho él. Jaekyung no respondió. Solo lo miró un segundo más de lo necesario antes de girarse y marcharse.
El motor rugía. El campeón necesitaba silencio, pero el ruido dentro de su cabeza no lo dejaba en paz. Un parpadeo. Un faro de camión. Un golpe seco. El cinturón lo retuvo, pero el auto giró dos veces antes de quedar destrozado en el asfalto.
La noticia se expandió como fuego. —¡Jaekyung tuvo un accidente! —gritó Hyunwoo al entrar corriendo al gimnasio. Sungwoo soltó los papeles que tenía en la mano. Nadie habló.
Dan, que estaba guardando sus cosas, se quedó quieto. Su pecho se cerró. —¿Qué dijiste?
Cinco minutos después ya estaba corriendo por la calle, sin abrigo, sin pensar. “No puede ser. No puede ser él.”
Cuando llegó al hospital, la sala de urgencias estaba llena. Reporteros, policías, paramédicos. —¡Soy su fisioterapeuta! ¡Déjenme entrar! —gritó.
Y cuando lo vio en la camilla, por un instante, el tiempo se detuvo. Jaekyung tenía un vendaje en la cabeza, la piel marcada por raspones, y el brazo derecho enyesado. Aun así… respiraba.
Dan se apoyó en la pared, cubriéndose la cara. Las lágrimas no pedían permiso. —Idiota… —susurró—. No sabes cuándo parar.
Horas después, cuando todos dormían en la sala de espera, Jaekyung despertó. El cuarto estaba en penumbra, solo iluminado por la máquina del suero. Giró la cabeza, y vio a Dan dormido en una silla, la cabeza inclinada, la mano aún sobre su cama.
—¿Por qué estás aquí? —murmuró con voz ronca.
Dan se despertó sobresaltado. —¡Estás consciente! No vuelvas a… —Se detuvo, intentando mantener la compostura—. Necesitas descansar.
Jaekyung lo observó en silencio. —Pareces más cansado que yo.
—Porque tú no sabes cuidarte —respondió Dan, conteniendo el temblor en su voz.
Jaekyung se quedó quieto. Su mirada, normalmente dura, se suavizó por primera vez en mucho tiempo. —No quería preocuparlos… ni a ti.
Dan bajó la cabeza, confundido. —Entonces deja de hacer cosas que te destruyan.
El silencio pesó. Desde la puerta, Hyunwoo asomó la cabeza con una sonrisa débil. —Qué raro verte hablando así, jefe.
Jaekyung lo miró con cansancio, pero también con algo nuevo. —Supongo que alguien tiene que empezar a hacerlo.
El Team Black entró poco a poco, saludando en voz baja. Sungwoo dejó una bolsa con ropa limpia y murmuró: —No nos vuelvas a dar un susto así.
Jaekyung asintió. No prometió nada, pero su tono fue más sincero de lo habitual. —Lo intentaré.
Dan cruzó los brazos, reprimiendo una sonrisa. Y mientras los demás hablaban, Jaekyung se quedó observándolo. No dijo nada, pero en su mente, por primera vez, sintió algo claro: que quería cambiar. No por su carrera. Por él.
(Tú eres Joo Jaekyung)