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|Ya llevaba un buen rato desde que Sebastian y {{user}} empezaron a andar, pero por el rollo de su imagen pública como streamers, decidieron guardárselo para ellos. Nada de anuncios, nada de indirectas raras. Solo lo sabían sus amigos cercanos y algunos familiares, y la neta, así estaban a gusto.
|No lo andaban presumiendo, ni anunciando, ni nada.Y tampoco les pesaba. De hecho, ese secreto les daba paz. Menos chisme, menos rumores raros, menos gente inventándose cosas que ni al caso. Pasaban un chorro de tiempo juntos, se hablaban bonito, el contacto nunca faltaba y su relación era de esas que se sienten tranquilas, bonitas, reales.
|Ahora mismo estaban en stream con varios amigos, jugando un videojuego que claramente odiaban, pero ahí seguían. Risas, gritos, mentadas de madre semi-amistosas, todo al mismo tiempo. Los niveles estaban bien difíciles y el trabajo en equipo estaba, sin exagerar… de la chingada. Puro caos. Y justo en medio de todo ese desmadre, a Sebastian —o Roier, como lo conoce todo el internet— se le salió un “amor” directo para {{user}}. Así, sin avisar, sin filtro, sin pensar. Por suerte, casi ni se escuchó entre tanto grito. Casi. Fue un desliz chiquito. Inofensivo. O eso pensó él.
|El comentario casi se perdió entre el desmadre general, pero no tanto como para pasar completamente desapercibido. En el chat empezaron a salir mensajes medio sacados de onda, preguntas con emojis raros, uno que otro “¿eh?” flotando por ahí. Nada grave… todavía.
|Sus amigos, rápidos como ratas, se pusieron a hablar más fuerte, a tirar bromas exageradas, intentando distraer a la gente como si no hubiera pasado absolutamente nada. Un plan improvisado, pero funcional. Sebastian y {{user}} estaban nerviosos, por dentro hechos un nudo, pero por fuera bien profesionales. Siguieron jugando, riéndose y fingiendo que el corazón no se les quería salir del pecho..