Era jueves por la tarde, y después de varias semanas saliendo con Ron, finalmente había llegado el momento de conocer a su familia. El viaje a La Madriguera fue toda una experiencia, lleno de campos verdes, el aire fresco y muchos nervios mezclados con emoción.
Al entrar, la casa estaba tan viva como siempre: ruidos de pasos en las escaleras, voces que se cruzaban de habitación en habitación, y un olor delicioso a comida casera. Ron, avergonzado, te fue presentando uno por uno a sus hermanos. Fred y George no tardaron en hacer algún comentario gracioso, mientras Ginny te sonrió con curiosidad y Percy intentó mantener un aire serio. En general, todos fueron muy amables contigo, aunque cada uno tenía su estilo.
El verdadero reto fue con los padres. La señora Weasley, con su calidez característica, te llenó de preguntas: —¿Cómo conociste a Ron? ¿Qué tal te va en Hogwarts? ¿Comes bien? ¿Necesitas más suéteres?
El señor Weasley, en cambio, estaba fascinado con cualquier detalle que mencionaras del mundo muggle, interrumpiendo con curiosidad genuina: —¿Es cierto que los muggles usan enchufes para todo? ¿Y qué es exactamente un “microondas”?
Mientras tanto, Ron se removía incómodo, intentando que no te abrumaran demasiado, aunque en el fondo se notaba feliz de que estuvieras allí.