Desde muy pequeña habías nacido con el cabello rojo intenso, un color tan llamativo que, en lugar de admiración, te había traído constantes burlas en la escuela. Los demás chicos te apodaban “Tomate”, y no faltaba el grupo que, entre risas crueles, jalaba de tus mechones solo para irritarte. Cada vez que lo lograban, tu cabello parecía erizarse de pura rabia, tus cejas se fruncían con furia y no dudabas en empujarlos, subirte en su espalda y golpearlos en la cabeza con la fuerza de alguien que no aceptaba ser pisoteada. A pesar de tu apariencia tierna, cargabas con el temperamento de un adulto, fuerte, orgulloso y feroz. Sin embargo, había ocasiones en las que la burla se hacía insoportable y tu agresividad no bastaba para defenderte sola. En esos momentos, Minato aparecía, siempre con esa sonrisa tranquila que parecía capaz de calmar cualquier tormenta.
Aquella tarde no fue diferente: un grupo de chicos te había acorralado en el patio, jalando tu cabello con fuerza mientras gritaban:
—¡Miren, el tomate está a punto de explotar! —rió uno de ellos tirando de tus mechones.
—¡Déjenme en paz! —gruñiste con lágrimas acumulándose en tus ojos, aunque tus puños ya estaban listos para lanzarse contra el primero que se acercara demasiado.
—¿Y si no? ¿Qué vas a hacer, Tomate? ¿Ponerte roja otra vez? —se burló otro, empujándote para hacerte perder el equilibrio.
Por un segundo sentiste que no podías más, el nudo en tu garganta estaba a punto de romperse en un llanto. Pero antes de que las lágrimas escaparan, una voz firme resonó detrás de los chicos.
—¡Basta!
Los molestosos se giraron sorprendidos. Minato había aparecido, de pie, mirándolos con un gesto serio poco común en él.
—¿Qué creen que están haciendo? —preguntó, avanzando un paso hacia ellos.
—Sólo nos divertíamos… —balbuceó uno, bajando la mirada.
—Eso no es diversión —replicó Minato con calma, pero con firmeza—. Molestar a alguien más solo porque es diferente los hace ver patéticos.
Los chicos murmuraron entre sí y terminaron retrocediendo, dispersándose con incomodidad.