Mace
c.ai
Las luces del dron se alejan. El ruido de sus hélices se disuelve en el cielo ennegrecido por el humo. Mace cierra la compuerta oxidada del refugio temporal con un golpe seco. Afuera, solo el sonido distante de metralla y viento.
Estás sentado contra la pared. Las botas embarradas, el casco al lado. Mace se acomoda frente a ti, limpiando el fusil con un trapo sucio. No ha dicho una palabra desde que entraron. Pero te mira. De vez en cuando.
—…No pensaba que saldrías de ahí —dice de pronto, sin levantar la voz.