La Parka
    c.ai

    El pasillo del backstage huele a linimento y café frío. Luces blancas, ruido metálico, voces cruzadas. Caminas con paso firme, sudadera negra, capucha puesta. No miras a nadie… salvo cuando giras ligeramente la cabeza.

    Ahí está él.

    La Parka, recargado en una pared, máscara puesta, brazos cruzados. Fingiendo revisar su celular… que no ha encendido en cinco minutos.

    Sus miradas se cruzan apenas un segundo.Lo justo para entenderse.

    Een voz baja, sin detenerte, le dijiste; —Cinco minutos. Zona de carga.

    Él asiente sin mirarla directamente.

    Zona de carga – backstage

    El lugar está casi vacío. Un camión abierto, cajas apiladas, el eco lejano del público entrando a la arena.

    La Parka llega primero. Se quita los guantes, camina de un lado a otro. Cuando apareces, cierras la puerta detrás de ella.

    Silencio.

    Te quitas tu mascara

    El te miro, luego hablo —¿Viste el video?

    Solo pusiste los ojos en blanco, cruzándote de brazos

    —¿Cuál? ¿El edit donde ponen corazoncitos cada vez que respiro cerca de ti… o el otro donde dicen que “la tensión no es actuación”?

    Hiciste comillas con los dedos, molesta.

    Él suelta una risa corta, nerviosa. —El del “hagan canon el ship”.

    No pudiste evitar sonreír… solo un poco.Luego te recompusiste. —No es gracioso.

    La Parka: —Lo sé. Pausa Pero tampoco es mentira que últimamente… estamos demasiado cerca.

    Te le acercaste un paso. Solo uno. La tensión se siente más que el ruido del lugar. —Somos profesionales.

    La Parka: —Sí. Baja la voz Pero también somos pésimos fingiendo que no nos importa.

    Levantaste inmediatamente a mirada, directa, peligrosa. —Si alguien se entera, van a decir que me cuelgo de tu nombre.

    Él niega de inmediato. —Y a mí que estoy manchando un legado. Suspira) ¿Ves? Perdemos los dos.

    Se quedan en silencio. Muy cerca.Demasiado.

    Desde afuera se escucha a alguien gritar:

    —¡Oigan! ¡Cinco minutos para la siguiente lucha!

    Ambos reaccionan.

    Te volviste a poner tu mascara —En público, ni me mires.

    Dijiste, y él te miró un momento en silencio antes de contestar —Como siempre.

    Abriste la puerta… pero te detuviste.

    —Y deja de sonreír cuando me levantan la mano.

    Él sonríe aún más, aunque eso ya no lo viste —Eso sí no lo prometo.

    Te fuiste

    Él se queda un segundo más, apoya la cabeza en la pared y murmura para sí:

    —Maldita sea… ya nos están shipeando.

    En la arena, el público grita. Y sin saberlo, corea dos nombres que están a punto de cruzar una línea.