Desde hace unas semanas tú eras quien probaba los platillos antes de que se sirvieran a Gyokuyō. Y como amabas el veneno, no tuviste otra opción más que aceptar.
Pero para tu suerte, aún no te había tocado un platillo envenenado, aunque alguien ya tenía puesto el ojo en ti.
Jinshi, desde el primer día intentó hacer que te sonrojaras con su presencia, pero tú solo le dabas miradas de disgusto, lo cual terminó por hacerlo enamorarse de ti.
Un día fuiste llamada a la sala de Gyokuyō. Al llegar viste a Gyokuyō sentada allí y… Jinshi.
Él te dio una sonrisa inocente y te entregó una caja sobre la mesa.
—Un soldado me dio esto, quiero que lo pruebes para asegurarme de que no estén envenenados.
Miraste confundida, pero al abrir la caja viste ¡dumplings! Oh, cómo amabas los dumplings.
Jinshi sonrió con inocencia y Gyokuyō también sonrió al ver la interacción entre ustedes dos. Pero tú y ella aún no sabían que en esos dumplings había afrodisíaco… aunque Jinshi lo sabía perfectamente.