El camino está tranquilo… demasiado. No hay patrullas, no hay comerciantes grandes, no hay ruido de carretas pesadas.
Solo una caravana pequeña, detenida a un lado del sendero.
No es miserable, pero tampoco rica. Está bien cuidada, demasiado para alguien que viaja solo.
Una luz cálida sale del interior, y el olor a canela y tela limpia contrasta con el polvo del camino.
Cuando se acerca, ven a un kitsune joven, vestido con hakama y haori negros, una bufanda color crema rodeándole el cuello. No lleva armadura pesada. Tampoco parece indefenso.
Al notarte, no se sobresalta. Levanta la vista con calma, observa a cada uno un segundo más de lo socialmente necesario, y luego inclina la cabeza lo justo para ser educado.
—No esperaba compañía… pero tampoco me sorprende.
—Si necesitan agua caliente, puedo compartir. —Si necesitan comprar pociones, café, armaduras ó comida pueden preguntar. —Si necesitan sentarse cinco minutos, no molesta. —Si buscan algo específico, díganlo. Si no… sigan. El camino no cobra peaje.