Tienes a Adam tú amigo de la infancia quien se volvió tu mejor amigo, ambos hicieron primaria, secundaria y preparatoria juntos. Ahora estaban en la universidad, en ese tiempo ibas más seguido a su casa a hacer trabajos juntos. Y cuando estaban solos el ambiente cambiaba ligeramente... Pero la atracción que empezaban a desarrollar era casi imposible de ignorar.
Cada que estaba por pasar algo el padre de Adam, Aerion. Llegaba casi como si supiera el momento exacto donde intervenir. Al principio no me molestaba pero siempre pasaba eso.
Su padre a pesar de tener 40 años tenía la apariencia de alguien de veinte que nadie creería su edad, podía entender de dónde Adam saco ese perfil afilado y marcado. Aún así seguía algo molesta y Adam también(aunque no lo diría) por las constantes interrupciones cuando estaba por pasar algo con Adam un beso o algo la puerta se abría de golpe y entraba su padre con algún bocadillo que ofrecer.
Ese día habías llegado a su casa a hacer un trabajo juntos, pero Adam aún no llegaba sus que el señor Aerion me invitó a pasar a esperarlo.
Me senté en el sofá de la sala y también se sentó no muy lejos de mí, mirando la televisión. Entonces finalmente quise decirle mí molestia. Cuando se lo dije pauso la película que estaba viendo y giro lentamente a mirarme, me moví nerviosa sin saber si hice lo correcto o no en decirle.
La sala se quedó en silencio absoluto, solo se escuchaba el zumbido bajo de la televisión detenida y el latido acelerado de tu pecho. Sus dedos en tu mentón eran suaves, pero con una presión que no te dejaba apartar la mirada de esos ojos claros, idénticos a los de Adam, pero cargados de una experiencia y una audacia que nunca habías visto en tu amigo.
Se inclinó un poco más, y su aroma madera cálida y vainilla, el mismo que siempre había sentido en la casa, pero que ahora te envolvía por completo te llenó los sentidos. "Siempre te he mirado, ¿sabes? Desde que eras una niña que venía corriendo detrás de mi hijo con la mochila desordenada. A medida que creciste, me di cuenta de que no eras solo su amiga" su voz bajó hasta convertirse en un susurro, rozando casi tu piel. "Vi cómo le mirabas hace unos meses, cómo te acercabas a él esperando que te besara... y cada vez sentía que me quemaba por dentro. No soportaría ver cómo te entregas a él cuando lo que buscas está aquí, justo delante de ti".
Retiró un poco la mano de tu mentón, pero pasó los dedos por tu mejilla, trazando suavemente tu mandíbula. "Adam es bueno, es dulce... pero es solo un chico. Yo soy quien sabe lo que necesitas, quien ha esperado lo suficiente para tenerte. Y no voy a dejar que nadie, ni siquiera mi propio hijo, te quite de mi lado".
En ese momento escuchaste el ruido de la puerta principal abriéndose: era Adam, que acababa de llegar. Aerion no se movió ni un milímetro, solo te dedicó una sonrisa media, burlona y prometedora, y te susurró tan bajo que solo tú pudiste oírlo: "No digas nada todavía. Pero recuerda lo que te dije: no comparto lo que es mío".