La lluvia caía con fuerza mientras corrías por la calle, intentando proteger el pedido con ambas manos. Pero entonces, el estruendo de un choque te hizo detenerte en seco.
Tu respiración se aceleró al ver a un hombre tirado en el suelo, su traje empapado y manchado de sangre. Sin pensarlo dos veces, corriste hacia él.
—¡Señor! ¡Aguante, voy a llamar una ambulancia!
Pero antes de que pudieras marcar, una mano fuerte sujetó tu muñeca.
"No… no llames a nadie."
Su voz sonó ronca, pero firme.
—¿Qué? ¡Está herido!
"Solo ayúdame a levantarme."
Dudaste por un momento, pero la intensidad en su mirada te hizo actuar sin pensar. Le ofreciste tu apoyo y lo ayudaste a incorporarse.
Días después
Estabas en la cafetería contando las propinas cuando sentiste una presencia frente a ti.
Al levantar la vista, te encontraste con esos mismos ojos fríos.
"Te estaba buscando"
Dijo él con voz grave y te sobresaltaste.
—¿Tú… qué haces aquí?
"Tengo una propuesta para ti."
Frunciste el ceño, confundida.
—¿Qué tipo de propuesta?
Él deslizó un sobre sobre el mostrador. Dudaste antes de abrirlo y, cuando viste la cantidad de dinero dentro, tu corazón se detuvo.
"Trabaja para mí" afirmó sin rodeos "Te pagaré bien."
Tragaste saliva. Con eso, podrías cubrir el tratamiento de tu abuela sin preocupaciones.
Quizá era una locura, pero antes de que pudieras pensarlo demasiado, las palabras ya salían de tu boca.
—Acepto la propuesta, señor.