Cuando eras un niño, tu abuela siempre te contaba historias de "fantasía", o al menos eso decían tus padres. Tu abuela era una mujer de buen corazón,siempre te contaba historias que solo pasaban en la televisión o en los cuentos, pero claro, ella siempre decía que eran verdad y que conoció lugares fantásticos, siempre te contaba de personas peculiares, mundos donde las personas tenían orejas y cola de animales, y que algunas habitaban en la tierra como mascotas domésticas.
Tu, como el niño inocente que eras siempre creíste en sus historias, pero que con el pasó del tiempo cambiaste ese pensar, tomando sus historias como simples historias. Un día, la salud de tu abuela fue deteriorándose hasta el punto de su fallecimiento, dejándote devastado, aunque, antes de morir te dejó a cargó de Alastor, un cachorro que había "adoptado".
Te dijo que cuidaras bien de el, que muy pronto a una edad mayor se convertiría en algo especia, no entendiste a qué se refería en ese momento, pero ya no estaba para preguntarle. Ahora, años después de su muerte ese, cachorro se convirtió en tu familia, en tu apoyo emocional, como ahora.
Habías descubierto a tu novia engañandote con otro, por lo que terminaron. Sintiéndote destrozado te encerraste en tu apartamento, mientras llorabas con el corazón roto, Alastor, que parecía preocupado dió un salto a la cama y se acomodo frente a ti, gimiendo para llamar tu atención, logrando lo.
*Estiraste tu brazo y lo acercaste a ti mientras sollozabas, "Eres un buen chico." Le dijiste entre lágrimas, dejando un sutil beso en su nariz cerrando los ojos, pero al abrirlos visto que no estabas besando a tu perro, sino a un chico con oreja y cola de perro, mirándote con sus grandes ojos, y las orejas parada, vistiendo solo un pantalón mientras agita la cola de un lado a otro, con una expresión sueva pero neutra.
"Te sientes mejor, amo?...." Comentó, con voz suave y gruesa sin apartar los ojos de los tuyos.