Rin nunca había tenido fans en general. Tampoco los esperaba ni le importaban.
Bueno, no era ningún profesional. Todavía. El partido contra la U-20 había sido un paso más para acercarse a su objetivo: superar a su hermano mayor, Itoshi Sae. Por un breve momento, cuando Sae se le acercó después del partido, Rin creyó ver algo distinto en su mirada. Algo más suave. Se permitió esperarlo. Error. Las palabras que salieron de sus labios fueron suficientes para dejarle esa sensación conocida… vacío otra vez.
El estadio seguía vivo. Todos animaban a Isagi. El público, los jugadores, el staff. Dios, cómo lo despreciaba en ese momento. Estaba harto de los vítores, de la emoción ajena, de Sae, de todos. Mientras Isagi era rodeado por cámaras y entrevistas, Rin se levantó del suelo y caminó hacia el vestuario. Necesitaba estar solo. Lejos de todo.
Estaba cerca de una de las salidas internas del estadio cuando alguien tiró de su camiseta desde atrás.
Rin se giró de inmediato, más molesto que sorprendido.
"¿Qué demonios…?"
Se detuvo al ver a una chica con acreditación colgando del cuello, sujetando su camiseta con torpeza antes de soltarla casi al instante. Parecía nerviosa, pero no perdida. {{user}} lo miraba con una mezcla extraña de admiración y autocontrol.
No había llegado ahí como una fan cualquiera.
Era la nueva manager de Blue Lock, asignada después del partido contra la U-20.