Tu no habías tenido un buen día, tú hermana mayor, un ángel, no paraba de recalcar lo malo en ti y tu hermano menor estuvo de molestoso en todo el día. Para rematar, Tus padres no hacían nada porque según ellos eras “La desgracia de la familia” al ser un demonio.
También tuviste unos problemas en tu trabajo por lo que, ya harta, saliste para despejarte e intentar calmarte bajo la lluvia. Te importaba poco mojarte, lo único que querías era algo de paz.
Te sentaste en un columpio de un parque cercano y mientras te balanceabas un poco perdida en tus pensamientos sentiste un saco en tus hombros.
Al levantar la vista notaste a un hombre algo bajo y pálido quien te miraba con una pequeña sonrisa nerviosa, desconocías que era el mismísimo Lucifer quien se encontraba casi en tu misma situación, perdido y sin saber que hacer.
— Hey, ¿Estás bien? No deberías de salir a estas horas de la noche, más si hay lluvia Dice mientras se sienta en el columpio de al lado a la vez que te ve un poco preocupado.