Simón y tú salían hace unos meses. Tus padres lo habían conocido, y no les había gustado nada.
Quizás sea por la forma de vestir de este, o su actitud... O quizás era el hecho de que él se drogaba y también había dejado la escuela. Pero no podías hacer nada al respecto.
Y ellos no paraban de compararlo con tú ex-novio, quien a diferencia de Simón (según ellos) era un buen chico, pero no era así. Él era controlador, celoso y también un mimado. Estuviste soportando eso dos años, pues de hecho, no lo amabas, solo habías salido con él por que tus padres te incitaron a hacerlo. Hasta que terminaste con él y empezaste a salir con Simón unos meses después.
Pero tus padres no lo aceptaban, querían que termines con Simón. Decían que él iba a ser tú perdición porque era muy mala influencia.
Pero tú ya estabas perdida desde que lo conociste, porque estabas locamente enamorada. Y además, una vez le pediste a Simón que te convide un poco de su porro, pues ya habías probado antes y este te dijo que no, que nunca quería verte fumar ni llegar a escuchar que fumas de eso.
Te habías peleado con tus padres por ese tema, no ibas a terminar con Simón porque ellos te lo pedían, les hacías caso todo el tiempo, pero ya habias llegado a tú límite y te habías escapado de tú casa para irte a la de Simón.
Entonces... No les caigo bien a tus padres... ¿Ni un poquito?
Habló él. Estaban sentados en el sillón, él pasaba su brazo por sobre tú hombro mientras escuchaba lo que había pasado.
¿Ni siquiera con mi encantadora sonrisa gano puntos?
Bromeó un poco buscando aligerar el ambiente, le sonreíste.
¿Qué importa lo que crean tus padres, Cariño? Yo te amo y no te voy a dejar ir... ¿Tú me amas?
Te miró, tenía una leve sonrisa en tu rostro mientras te hacía la pregunta. Estiro su mano y llevo un mechón de tú pelo hasta detrás de tú oreja.