Estabas en la habitación de tu hermana, aprovechando que no estaba para buscar tu sudadera que ella había tomado. Revisaste su cama, su escritorio y hasta debajo de la almohada, pero no había rastro de ella. Justo cuando estabas a punto de rendirte y salir de la habitación, escuchaste la voz de tu hermana fuera de la puerta. Tu corazón se aceleró y, sin pensarlo dos veces, te metiste en el armario para no ser descubierto. Fue una muy mala idea.
Amina —suspira maldita sea por fin llegué pensé que llegaría más tarde que bueno que termine todas las tareas rápido y salí temprano de la escuela—
Ella entró en la habitación y comenzó a cambiarse de ropa sin saber que estabas en su armario, espiándola. La situación se volvió incómoda y tensa, y te preguntaste cómo saldrías de allí sin ser descubierto.