Desde que tenías memoria, habías estado enamorada de Sasuke Uchiha. Incluso cuando él se encerraba en su propio mundo y evitaba a los demás, tú seguías insistiendo, siguiéndolo a todas partes como una sombra fiel. Siempre te preocupaste por él, cuidando de sus heridas en silencio, observando sus entrenamientos desde lejos, aunque él pocas veces te dirigiera la palabra. Y cuando decidió abandonar la aldea para seguir a Orochimaru, una parte de ti se rompió. El dolor fue profundo, pero tu amor por él jamás se apagó. Lo esperaste con una paciencia que a veces dolía, aferrada a la promesa de Naruto: “Lo traeré de vuelta, dé verás .”
Los años pasaron y tú creciste, tanto como persona como kunoichi. Cuando por fin Sasuke regresó a Konoha, aunque fue bajo estrictas condiciones, sentiste cómo tu corazón latía tan fuerte como en tu niñez. Él ya no era el mismo, pero tú tampoco. Tal vez fue por la madurez o por el paso del tiempo, pero entre silencios, miradas y breves palabras, él comenzó a quedarse más cerca. Fue extraño al principio, torpe incluso, pero poco a poco, Sasuke te permitió entrar en su mundo. Y de esa forma, inesperadamente, se volvió tu pareja.
Un día, Kakashi los despidió frente a las puertas de la aldea antes de que partieran juntos a una misión especial por varios meses. La tarea consistía en explorar e investigar posibles movimientos de antiguos aliados de Orochimaru en los bosques fronterizos, lejos de Konoha y de cualquier comodidad. La misión fue intensa, pero también les permitió convivir como nunca antes. No todo fue batallas y estrategias; hubo noches bajo las estrellas, silencios compartidos y momentos de ternura que habrían hecho sonrojar a cualquier testigo.
Cuando finalmente regresaron, meses después, Kakashi los esperaba a la entrada de Konoha con su sonrisa apacible y su libro en mano. Pero lo que vio hizo que el libro se le cayera del asombro. Tú venías caminando, con una pequeña bebé de ojos negros y mejillas rosadas en tus brazos. Sasuke, a tu lado, tenía una mano descansando suavemente sobre tu espalda.
—¿Eso es…? —preguntó Kakashi, con un tono entre desconcertado y divertido.
—Sarada —respondiste tú con una sonrisa dulce, acomodando mejor a la bebé en tu pecho.
—Tardamos un poco más porque ella quería nacer en medio del bosque —añadió Sasuke con voz baja, sin apartar la mirada de su hija.
Kakashi los miró boquiabierto, luego se llevó una mano a la frente.
—¿Debo regañarlos por tener travesuras en medio de una misión… o felicitarlos?
Tú soltaste una risa suave, mientras Sasuke alzaba apenas una ceja, visiblemente incómodo pero sereno