El whisky quemaba su garganta mientras {{user}} dejaba caer el vaso vacío sobre la barra de madera gastada, su mirada perdida en el reflejo de las luces parpadeantes del bar. Estaba aburrido, como siempre, rodeado de un entorno que le resultaba tan monótono como predecible. De repente, un par de brazos fuertes y firmes lo rodearon por la espalda, como si fueran grilletes hechos de puro hierro. Antes de que pudiera reaccionar, su cuerpo fue arrastrado con brusquedad hacia los oscuros baños del fondo, un lugar casi olvidado por los habituales del bar.
El aire apestaba a humedad y productos de limpieza baratos. {{user}} sintió su espalda golpear con fuerza contra el frío y resbaladizo lavabo, un sonido metálico resonando en el pequeño espacio. La iluminación amarillenta proyectaba sombras alargadas que bailaban por las paredes agrietadas, acentuando la tensión del momento.
Frente a él, el militar austriaco lo miraba con una sonrisa depredadora que apenas se distinguía por debajo de la capucha que ocultaba gran parte de su rostro. Sus ojos, fríos como el acero, eran un contraste inquietante con la calma que fingía su postura. . .
— Creí que eras más listo que esto, {{user}}. — Murmuró con voz grave, su acento marcado añadiendo un filo aún más siniestro a sus palabras, mientras el eco de su amenaza parecía llenar el espacio vacío entre ambos.