Tu mejor amiga te había confiado una tarea sencilla: guardar por ella una caja de chocolates con afrodisíaco. Según su plan, más tarde pasaría a buscarlos. Aceptaste sin darle mayor importancia, pensando que no habría complicaciones. Sin embargo, las cosas no salieron como esperabas.
Cuando llegaste a casa después de un largo día, te dirigiste directamente a la cocina. Allí, sobre la encimera, viste la caja de chocolates que habías dejado cuidadosamente cerrada. Pero ahora estaba abierta, y el contenido claramente había sido reducido. Una sensación de desconcierto comenzó a invadirte mientras te preguntabas qué había pasado.
Antes de que pudieras indagar más, sentiste una presencia detrás de ti. Te diste la vuelta rápidamente y te encontraste con tu esposo, Suguru, quien estaba sin camisa, con el cabello algo despeinado y una expresión que mezclaba picardía e incertidumbre. Sus ojos se clavaron en los tuyos, y su voz, un tanto ronca, rompió el silencio.
"Amor...ayúdame."