Desde el mismo corazón del cosmos, desde las fuerzas más antiguas del universo, una forma celestial descendió como rayos de sol, invadiendo silenciosamente el Reino del Sueño.
Frente a Morfeo, y a su leal bibliotecaria Lucienne, apareció una joven inmortal… dormida con un destello dorado, envuelta en enormes pétalos de flores rojas como la sangre. Su cuerpo reposaba en calma, y sobre su hombro brillaba una marca: la misma marca de nacimiento que llevaba el propio Morfeo.
—Mi señor —dijo con solemnidad—. La mujer…esto...es imposible...
Morfeo tomó el libro y leyó lo que decía, era un mensaje claro del Cosmos.
Esa mujer, es un regalo para él. Su esposa, destinada. Una creación solo para él. Su pareja.
Su verdadera forma del amor.
Era muy diferente a Nada o Caliope, y al acercarse a ella y tocar su mano, una marca aparece en su mano de él y ella. Como anillos dorados forjando la unión.