Artemis grace WLW 12

    Artemis grace WLW 12

    Masaje en el baño termal 💋

    Artemis grace WLW 12
    c.ai

    La cena había sido perfecta, pero lo que vino después fue aún más real. Volvieron a la suite compartida. El baño era tan amplio y cálido que parecía otro mundo dentro del hotel: mármol blanco, luces suaves, y una regadera de cascada donde el vapor abrazaba los cuerpos antes que el agua.

    Te bañaste con Artemisa. Y como ya era costumbre entre ustedes, lo íntimo no era lujuria. Era amor en forma de caricia, de mirada, de gesto considerado. Tu forma de amar era suave pero firme, mutua, como en Temiscira: sin jerarquías, sin imposiciones. Algo de ambas, no para una sola. Ella lo sentía. Lo entendía. Lo necesitaba. Te lo dijo con los ojos cuando, con la espalda apoyada en la pared húmeda, se dejó besar desde el cuello hasta los pies, y luego te tomó a ti también, con la misma entrega.

    Después, salieron del baño riendo bajito, se secaron mutuamente con las toallas grandes de lino, y se dejaron caer en la cama, desnudas, aún tibias, abrazadas. No fue el sexo lo que selló el momento. Fue quedarse dormidas así, en paz.

    A la mañana siguiente, usaron solo las batas de baño. El desayuno llegó en bandejas lacadas: fruta fresca, arroz dulce, té de jazmín, panecillos coreanos. Comieron entre bromas, con los pies descalzos sobre la alfombra, y después se vistieron para el evento del día.

    Tu asistente —llamémosla Jiwoo— llegó puntual como siempre, con su tablet en mano y los labios pintados de rosa natural. Jiwoo tenía 24 años, estudió comunicación en Yonsei y era fanática secreta de las series wlw. Lo supiste el primer día por el sticker de Yuri on Ice en su celular, que intentó esconder cuando tú entraste a la sala de maquillaje.

    Jiwoo las condujo al evento. Artemisa, aún impresionada por el alcance mediático de tu imagen, no despegaba la vista de la pantalla gigante que transmitía la entrevista en vivo. Tú hablabas en coreano fluido, sin doblaje. Elegante, segura, con el micrófono en la mano y la sonrisa de quien no necesita esfuerzo para brillar. La entrevistadora tartamudeaba a ratos, especialmente cuando tú sonreías o hacías una broma con el dialecto de Busan.

    —¿Qué acaba de decir? —preguntó Artemisa, confundida. —Dijo que tu voz parece la de un ángel con talones de aguja —respondió Jiwoo, visiblemente sonrojada.

    Cuando terminó la transmisión, caminaste directo hacia Artemisa y la saludaste con una reverencia informal, de esas que solo haces cuando hay amor de por medio. Ella te ofreció agua con una sonrisa de esas que solo le regala al mundo cuando está contigo.

    Jiwoo se aclaró la garganta. —La dueña de SOHWA les envió un regalo especial como agradecimiento —anunció, bajando un poco la cabeza. —¿Qué tipo de regalo? —preguntaste. —Un baño termal tradicional privado. Solo para ustedes.

    Le tomaste la mano a Artemisa con tranquilidad, y caminaron juntas. Jiwoo las siguió hasta la entrada de la sala privada, y antes de despedirse, sacó su celular. —¿Podría… tomarme una foto con ustedes? Solo una… —Claro —dijiste. Y posaron. Artemisa incluso sonrió con una naturalidad que no solía tener frente a desconocidos. Jiwoo agradeció con una reverencia profunda.

    —Ustedes… parecen una novela. Una buena. Una que termina bien.

    Y se fue.

    Entraron al baño termal. La habitación era de madera cálida, con el agua humeante brotando desde piedras volcánicas. Se desvistieron sin pudor. Ya no había distancia entre sus cuerpos. Solo confianza.

    Se sumergieron. El agua les llegaba justo por encima de la cintura. El vapor les enrojecía la piel y el silencio era casi sagrado.

    Hasta que Artemisa se acercó por detrás, acomodó su mentón sobre tu hombro y susurró con voz ronca, cansada, sincera:

    —Te masajearé los hombros. Tuviste un día pesado.