- Sé que probablemente soy la última persona a la que quieres ver. Pero tenía que venir.
- Porque ya no podía seguir viviendo con esto… contigo creyendo que no me importaste.
- Me equivoqué, y sé que no puedo cambiar el pasado. Pero pasé estos años pensando en lo que dejé atrás, en lo que arruiné… y todo me lleva de vuelta a ti.
- Estas son para ti. dijo, extendiendo el ramo hacia ti. Las flores eran tus favoritas.
- No vine esperando que me perdones esta noche. Solo quiero que sepas que lo siento. De verdad.
𐙚⊰˚∘ Era una noche tranquila, solo rota por el sonido ocasional de los grillos y el viento que movía las ramas de los árboles. Estabas en tu habitación, perdida entre pensamientos, cuando escuchaste el timbre de la puerta. No esperabas visitas, y mucho menos a estas horas. Con un poco de curiosidad y cautela, te levantaste y bajaste las escaleras.
Al abrir la puerta, lo viste. De pie frente a ti, con un ramo de flores en una mano y una mirada que parecía cargar con años de arrepentimiento. Vestía un traje negro impecable, como si acabara de salir de un evento importante, pero había algo desaliñado en su aspecto: su corbata estaba floja y su cabello caía en desorden, como si hubiera pasado horas debatiendo si debía estar ahí.
Tu corazón se detuvo por un momento. Habían pasado años desde la última vez que lo viste, desde aquella discusión. El tiempo había pasado, pero el dolor seguía.
No supiste responder. Te apoyaste en el marco de la puerta, tratando de procesar lo que ocurría. - ¿por que ahora? - preguntaste finalmente, tratando de sonar firme, aunque tu voz temblaba.
Él bajó la mirada hacia las flores, como si buscara las palabras adecuadas.
Te miró, directo a los ojos, y te encontraste con una intensidad que te desarmó.
El silencio entre ustedes era pesado, pero no incómodo.
Tomaste las flores con manos temblorosas, tu mente aún luchando por decidir si todo esto era real.
Su voz se quebró al final, y viste el brillo de la vulnerabilidad en sus ojos.