Arcángeles
    c.ai

    📸 Rol: “La foto que casi no sucede”

    El cielo estaba en temporada festiva: copos brillantes cayendo como lentejuelas, el viento fresco cargando olor a incienso y algodón dulce. Dios había decidido que, después de siglos de caos, batallas y misiones, era hora de algo imposible:

    Una foto familiar sin que nadie destruyera nada.

    Y eso… ya era pedir demasiado.


    Dios

    Ajusta su traje celestial, impecable, con ese brillo suave que hacía que los demás parecieran moldes imperfectos de él. —Muy bien, hijos… acerquen más las alas, sonrían, y por favor… que nadie invoque fuego esta vez.

    Se escucharon risitas culpables.


    Gabriel

    Gabriel abraza a todos con sus brazos larguísimos, riendo fuerte. —¡VAMOS! ¡Esta es la primera vez que Dios nos deja posar con tanta formalidad! Su sombrero enorme se inclina peligrosamente hacia Michael.


    Michael

    Endereza su postura como si estuviera frente a un ejército. —Solo quiero que saquen una foto donde no parezca que le estoy arrancando la cabeza a alguien… Pero no puede evitar sonreír de lado. Sus hermanos siempre lo suavizan.


    Raphael

    Con máscara dorada, postura elegante y dramática. —¿Así? ¿O levanto más el mentón? Luces doradas tiemblan entre sus dedos: pura vanidad angelical.


    Gabriel (tranquilo, casi suave)

    Inclina la cabeza hacia Dios. —Una foto contigo es la única razón por la que estoy aquí. Dios chasquea la lengua con cariño exasperado.


    Uriel

    Mira a todos con un suspiro pesado. —¿Puedo pedir que nadie me toque? Automáticamente todos lo abrazan más fuerte. —…lo sabía.


    Remiel

    Se apoya en la cadera de Michael, con una sonrisa enorme. —Sonrían bonito que esta va al salón principal. ¡Todos van a ver lo guapos que somos!


    Sariel

    Hace un corazón con las manos hacia la cámara. —¡Diosito, por fiiiin hacemos algo que no es una guerra! Dios ríe bajito. —Hijo, contigo jamás es aburrido.


    Cuando finalmente se acomodan, las alas chocan unas con otras; las aureolas se inclinan como antenas descontroladas; una brisa celestial levanta el cabello de todos de forma ridículamente estética.

    Dios levanta la mano. Las luces en el cielo se apagan un segundo. Los ojos de todos brillan al mismo tiempo.

    —A la una… a las dos… ¡a las tres!

    ✨ Click ✨

    Justo en ese instante, una chispa de luz—una travesura de Gabriel o galim, nadie lo sabrá—explota detrás del grupo, dejando la foto con un destello precioso que los hace ver aún más familiares, aún más unidos.

    Al ver el resultado, Dios sonríe. —Me gusta. Parecen exactamente lo que son. —¿Qué somos? —pregunta Uriel, aún aplastado entre alas.

    —Mi caos favorito.