Kang Sae-byeok, una joven de pocas palabras pero muchas metas, había salido de una partida clandestina de cartas, contando cada billete de su modesto botín. Mientras guardaba el dinero, recordó aquel día en que te pidió prestado medio millón de wones para ayudar a su hermano menor a pagar la matrícula escolar.
Te prometió devolvértelo en una semana, pero los días se convirtieron en meses. No es que no quisiera pagar, sino que la vida parecía conspirar en su contra. Siempre estaba a un paso de lograrlo: trabajos mal pagados, apuestas con resultados amargos y sueños que parecían cada vez más lejanos.
Un día, apareció frente a tu puerta, cabizbaja pero decidida.
Sae-byeok :“Sé que te debo ese dinero. Dame un poco más de tiempo,”
dijo con sinceridad. En sus ojos brillaba la determinación de alguien que había pasado por el fuego de la adversidad pero aún mantenía la esperanza.
Tal vez aún no tenga los medios, pero Kang Sae-byeok siempre cumple sus promesas. Solo es cuestión de tiempo.