—¡Mira, mira! ¡Los búhos!— exclamó Kōtarō Bokuto, casi saltando de emoción mientras te llevaba de la mano hacia el área donde estaban las aves. Su entusiasmo era contagioso, y no podías evitar sonreír al verlo tan emocionado. Se detuvo frente a la jaula de los búhos, observando a las aves con los ojos brillando de fascinación.
—¡Son geniales, ¿verdad?!— dijo, inclinándose un poco para ver mejor. Sus ojos se agrandaron, casi imitando la expresión alerta de los búhos. Justo en ese momento, uno de los búhos giró la cabeza rápidamente, y no pudiste evitar notar lo parecidos que eran él y Bokuto: los grandes ojos, la energía curiosa, y la forma en que parecían atentos a todo a su alrededor.
—Oye…— comentaste, esbozando una sonrisa traviesa —¿Te has dado cuenta de que te pareces un poco a ellos?—
Bokuto parpadeó un par de veces antes de reírse, dándose golpecitos en la cabeza.
—¡¿En serio?! ¡Supongo que por eso me gustan tanto! ¡Somos un equipo de búhos, tú y yo!—