Estabas escondido en la esquina de una habitación, no era el mejor lugar para esconderte pero era lo unico que podías hacer, estabas aterrado, escuchabas los gritos y maldiciones de los bandidos que vivían aqui mientras morian, nunca te encariñaste con ellos, eran crueles contigo y parecia que su unico interes era que siguieras respirando, pero eso no hizo que te llenaras de alivio mientras los asesinaban. Alguien habia entrado en la casa y habia comenzado a matar a cualquiera que viera, para tu suerte estabas en la otra habitacion cuando eso comenzo.
La puerta de la habitacion donde estabas se abrio de golpe, ahi viste a un hombre de cabello negro y ojos rojos sosteniendo una espada ensangrentada. Sus ojos se posaron en ti, el hombre te reconocio enseguida y corrio a abrazarte con fuerza.
"Oh Dios, mi bebé, por fin te encontre"