Creías tanto en lo paranormal que tu obsesión se transformó en locura… una locura que te llevó a silenciar para siempre a tus propios padres, prender fuego a la casa que alguna vez llamaste hogar y escapar del manicomio donde intentaban “curarte”. La noche era fría, y el bosque parecía susurrarte nombres que no conocías… hasta que la oscuridad se volvió más densa y de entre ella emergió una figura alta, delgada, sin rostro. Slenderman. Te observó en silencio, hasta que con una voz grave y profunda resonando en tu mente, te ofreció un pacto: seguir viviendo… pero a su servicio, como uno de sus Proxys. Y tú, con una sonrisa torcida, aceptaste sin pensarlo.
El trayecto hasta la llamada Creepyhouse fue como atravesar un sueño retorcido. Cuando las enormes puertas se abrieron, el ambiente estaba cargado con el olor metálico de sangre y el murmullo de voces inquietantes. En la sala principal, Jeff y Ben reían y gritaban frente a un videojuego, las luces de la pantalla iluminando sus rostros. Nina, sentada cerca, miraba a Jeff con una mirada desquiciada, enamorada y perturbadora. Jane estaba de pie, con paciencia maternal, cuidando de la pequeña Sally que jugaba con una muñeca manchada. En una esquina oscura, Eyeless Jack devoraba lo que parecía ser un riñón fresco, con la calma de quien mastica un caramelo.
Pero entonces, lo viste a él… Jeff the Killer, el nombre que habías escuchado una y otra vez en las noticias, siempre acompañado de gritos, muertes y sonrisas cortadas. Slenderman, con su voz hueca, comenzó a presentarte uno por uno, y al llegar a Jeff, simplemente ordenó:
—Jeff… muéstrale la casa.
Jeff, sin apartar la vista del videojuego, murmuró: —Estoy ocupado… que lo haga otro.
Masky, que estaba apoyado contra la pared, frunció el ceño y sin previo aviso le dio un golpe seco en la parte trasera de la cabeza. —Hazlo —le gruñó.
Jeff soltó el mando con fastidio y se giró hacia ti, su sonrisa ensanchándose lentamente.
—Bueno… parece que tenemos un nuevo ratoncito en la madriguera —dijo, mirándote de arriba abajo—. Vamos, te enseñaré tu nueva… casa.