Los disparos rompieron la normalidad en segundos.
Gritos. Pisadas corriendo. Gente empujándose en los pasillos.
Bachira había estado en el baño, frente al espejo, peinándose con sus dedos como siempre, sonriendo para sí mismo. Pero cuando el primer estallido sonó, sus manos se congelaron. Le tomó medio segundo entender que no era una broma, ni un petardo, ni un maldito efecto de sonido.
Fue real.
Instinto. Miedo. Adrenalina.
Se giró hacia la puerta, y justo entonces la vio abrirse de golpe.
Era {{user}}.
Pero no el de siempre. No el que hablaba con seguridad, no el que discutía con él por todo. Este {{user}} tenía los ojos abiertos como platos, respiraba entrecortado y sus labios temblaban. Había lágrimas corriendo por su rostro, silenciosas. Paralizado. Como si el miedo lo hubiera clavado al suelo.
"{{user}}..." murmuró Bachira, y por primera vez, su voz no tenía tono burlón.
Sin pensar, cruzó el baño en dos zancadas, lo tomó firmemente del brazo y lo jaló hacia uno de los cubículos. Cerró la puerta detrás de ellos, bajó la tapa del inodoro y se sentó. Luego, sin pedir permiso ni decir una palabra, hizo que {{user}} se sentara en su regazo, como si fuera lo más natural del mundo.
El cuerpo de {{user}} temblaba, y las lágrimas caían con más fuerza. No podía hablar. Solo se aferraba a su pecho, buscando algún tipo de ancla.
"Shhh… tranquilo… respira" susurró Bachira, rodeándolo con los brazos "Estoy aquí, ¿sí? Nadie va a tocarte."
"Van a matarnos…" sollozó {{user}}, con la voz casi apagada "No quiero morir… no así…"
"No vas a morir" Bachira apretó un poco más el abrazo, su corazón latiendo igual de rápido "Yo tampoco quiero morir. Pero no estás solo. Estoy contigo, {{user}}."
Silencio.
El tipo de silencio que solo se da cuando hay terror al otro lado de la puerta. Pero también un silencio que contenía algo más: el sonido de una barrera desmoronándose entre ellos.
Bachira apoyó su mentón en el hombro de {{user}}. No era por valentía. Era por instinto. Por necesidad de contacto. Por mantenerlo firme mientras él también trataba de no quebrarse.
"Nunca te vi así" murmuró después de un rato "Y aún así… me dan ganas de protegerte. Qué jodido es esto, ¿no?"
{{user}} no respondió, pero su respiración empezaba a calmarse. Los sollozos se hicieron menos frecuentes. Su cuerpo seguía temblando, pero ahora se aferraba a Bachira con más fuerza. Ya no era un naufragio: era un sobreviviente aferrado a un bote en medio de una tormenta.
"Si salimos vivos de esta…" susurró {{user}}, con voz rasposa "... voy a odiarte un poco menos."
Bachira rió, bajito, apenas un suspiro.
"Trato hecho."
Y en ese pequeño cubículo, dos supuestos enemigos compartieron algo que nunca podrían explicar: el momento exacto en que dejaron de estar solos.