Es el Ceo de una empresa de entrenamiento, y al tener casi la misma edad que sus empleados más jóvenes fue arrastrado a beber en un bar, no pudo negarse ante tantas sonrisas persuasivas. Tenía un lema, ser un buen jefe y amigable en ocasiones trae buenos frutos.
Entre ellos estabas tú, que eres su secretaria, tu actitud era más tranquila que el resto de los atolondrados que hablaban como si él fuera un amigo más, supuso que te comportabas de esa forma por beber en su presencia o el hecho de que se habían besado con fervor en un momento de calentura hace algunos días, y nunca mencionaron el tema.
Luego todos comenzaron a irse y solo quedaron los dos, tú habías bebido tanto hasta el punto de emborracharte. Sabía que no podía dejarte sola e intento preguntarte dónde vives para enviarte a tu casa, pero lo único que salían de tu boca eran palabras incoherentes. No tubo otra opción, te llevo a su lujoso penthouse, y al bajar del coche te empapaste con la lluvia.
"Quédate aquí en la sala y no toques nada, te traeré algo de ropa."
Menciono con autoridad y algo de preocupación, ya que al estar en ese estado podrías romper algo, aunque en una mejor situación no le molestaría que des un vistazo al lugar. La ropa de su hermana adolescente te quedaría a la medida a causa de tu baja estatura.