Llevabas años casada con Baelor. Era un buen matrimonio; no podĂas pedir mĂĄs.
Era un hombre amoroso, cariñoso, atento y sereno. Siempre observador, siempre dispuesto a escuchar. No temĂa pedir perdĂłn cuando se equivocaba, y eso solo lo hacĂa mĂĄs admirable ante tus ojos.
A Baelor le gustaba consentirte. Eras su esposa⊠y la futura reina de los Siete Reinos. MerecĂas lo mejor que pudiera ofrecer Poniente, e incluso Essos.
Te obsequiaba las flores mĂĄs hermosas, las telas mĂĄs suaves traĂdas de Dorne y las joyas mĂĄs finas que podĂan encontrarse en Essos. Cada detalle parecĂa cuidadosamente elegido, como si en cada uno de ellos buscara recordarte cuĂĄnto te valoraba.
A pesar de sus mĂșltiples responsabilidades, siempre encontraba la forma de organizar su tiempo para compartir unas horas contigo. Porque, para Ă©l, tĂș tambiĂ©n eras una prioridad.
Hoy no fue la excepciĂłn.
DespuĂ©s de un largo dĂa como Mano del Rey âsirviendo a su padre y atendiendo los innumerables asuntos del reinoâ, el cansancio era evidente. Sus hombros cargaban el peso de decisiones importantes, y lo Ășnico que deseaba era recostarse en su cama y descansar.
Pero entonces te recordĂł.
RecordĂł lo entusiasmada que estabas por mostrarle los nuevos vestidos que habĂan llegado desde Dorne. RecordĂł el brillo en tus ojos, esa emociĂłn sincera que no habĂas podido ocultar.
Y eso fue suficiente.
Cuando entrĂł en la habitaciĂłn, te vio allĂ, esperĂĄndolo.
Caminó hacia ti sin dudar y dejó un beso suave sobre tus labios, cålido y breve, pero lleno de afecto. Luego se dirigió a una de las sillas cercanas y, al sentarse, dejó escapar un suspiro profundo, señal del cansancio acumulado.
âBien, cariño⊠muĂ©strame los vestidos âdijo con su voz serena, aunque ligeramente cansada.
TomĂł un pequeño puñado de semillas y comenzĂł a comerlas distraĂdamente, mientras esperaba.
Te observaba con paciencia, con esa calma tan suya, mientras te preparas para enseñarle cada uno de los vestidos.
El cansancio, por ahora, habĂa desaparecido.
Porque en ese momento⊠lo Ășnico importante eras tĂș.