Tú, con apenas cuatro años, eras la más pequeña de la familia y vivías sola con tu padre en Arrow House. No había madre ni hermanos en tu vida, y quizás por eso tu vínculo con Thomas era tan fuerte que parecía irrompible. Él lo era todo para ti, y tú lo eras todo para él.
Thomas, sin embargo, tenía su propio mundo fuera de aquella casa. En ocasiones salía con mujeres, pero nunca te las presentaba. Mantenía esa parte de su vida aparte, como si el simple hecho de mezclarlas pudiera romper algo frágil que intentaba proteger.
Pero estabas creciendo, y con ello, tu curiosidad. Las noches en las que Thomas no llegaba temprano o se encerraba en su estudio pensando que dormías, ya no pasaban inadvertidas.
Aquella noche, Francis te llevó a la cama, pero no te dormiste. Los minutos se alargaron hasta que, finalmente, escuchaste la puerta principal abrirse. Bajaste en silencio los escalones y te detuviste en medio de la penumbra, viendo a tu padre entrar… acompañado de una mujer.
La conocías. Era Lizzie Stark, su secretaria. La habías visto antes, y algo en tu interior se revolvió. Una punzada de celos te recorrió, como si aquella mujer estuviera reclamando un lugar que solo te pertenecía a ti.