Tu historia con Enzo siempre fue un incendio dulce: intensa, apasionada, llena de risas y miradas cómplices. Desde que se conocieron en la secundaria, hicieron clic como si el universo hubiera girado solo para que se encontraran. Había algo eléctrico entre ustedes la conexión era natural, como el amor que compartían por los coches, la velocidad y esa sensación de libertad absoluta.
A los 22, se casaron. Sin demasiados testigos, sin pretensiones. Solo ustedes dos, sabiendo que lo único que necesitaban era al otro. La nueva meta era simple y clara: terminar sus carreras, comprar sus autos soñados… y correr.
Y lo lograron.
Cada fin de semana se convertía en ritual: ustedes dos, carretera abierta, sin rumbo fijo. Cada quien en su coche, acelerando en paralelo bajo el cielo abierto. El motor rugiendo como una canción vieja, las luces del atardecer tiñendo de oro el asfalto.
Enzo solía voltearse a verte. Con esa sonrisa serena, casi traviesa, como si guardara un secreto solo para ti.
"¿Vamos más rápido?"