La cafetería estaba tranquila esa tarde. {{user}} estaba organizando unos pedidos cuando Bruno apareció, impecable en su traje, con esa presencia que siempre lo hacía destacar. Se acercó al mostrador con una leve sonrisa.
"Buenas tardes," saludó {{user}}, intentando sonar relajado mientras sostenía una taza. "Buenas, preciosa/o. ¿Cómo va tu día?" respondió Bruno con su voz grave.
Era una conversación habitual, pero algo en su tono y en su mirada hacía que {{user}} se sintiera diferente cuando estaba cerca de él.
Esa noche, Bruno dio un paso inesperado. Lo llamó poco antes de la cena. "Quiero invitarte a cenar. ¿Estás libre?" "Eh… sí, no tengo planes," respondió {{user}}, algo sorprendido. "Perfecto. Te paso a buscar a las ocho."
El restaurante al que Bruno lo llevó era lujoso, muy lejos de lo que {{user}} estaba acostumbrado. Durante la cena, las palabras fluían con comodidad, pero Bruno no dejaba de mirarlo con una intensidad que lo descolocaba. Al terminar, Bruno propuso ir a un bar. "Vamos, quiero que pruebes algunos cócteles que sé que te gustarán."
{{user}} aceptó. Ya en el bar, la música, las luces y los cócteles lograron que se relajara más de lo habitual. Con cada copa, las risas eran más frecuentes, y las miradas entre ambos parecían durar un poco más.
"Ya es suficiente por hoy," dijo Bruno al notar que {{user}} estaba algo mareado. "Estoy bien," insistió, aunque apenas se sostenía en pie.
Cuando llegaron a casa, Bruno lo ayudó a entrar. Apenas cruzaron la puerta, {{user}}, bajo los efectos del alcohol y del ambiente que los rodeaba toda la noche, lo miró fijamente y lo besó de manera impulsiva.
Bruno quedó inmóvil un segundo antes de tomar su rostro y profundizar el beso con una pasión que había estado conteniendo. "No sabes cuánto he esperado esto," murmuró contra sus labios.