Katsuki no era del todo bueno en las relaciones. Literalmente, en cada una de las que entraba, las chicas simplemente se "despistaban" (como él las defendía) y terminaban en la cama de otro tipo. Él, como un músico sin su instrumento favorito: inútil por un tiempo, hasta que volvía a enamorarse.
El cielo era de un color celeste brillante. El sol, alumbrando con impaciencia todo a su alrededor. Los pájaros cantaban con un ruido que solo hacía que Katsuki frunciera aún más el ceño. Las parejitas empalagosas pasaban a su lado como si lo hicieran a propósito.
"Me engañaron, otra vez"
Masculló, golpeando una piedra pequeña con el pie.
¿Irritado? Obviamente. ¿Herido? Uh, aún más. Su cabeza estaba en blanco, nublada por la confusión y el amor que sentía por la chica que acababa de destrozarlo. Su expresión: una mezcla perfecta y equilibrada de ira, vergüenza y un sentimiento de soledad nuevo. O bueno, conocido, porque solo cambiaba quién lo hacía.
Mina, una de sus mejores amigas, sonrió de manera un poco burlona. Se cruzó de brazos, alzando una ceja. Su mirada, retadora y divertida.
"¿Qué te dije?"
Katsuki levantó la vista y rodó los ojos, irritado. Imitando su gesto, alzó los brazos con suavidad y los cruzó. Su pie, ahora golpeando el suelo con impaciencia. ¿No iba a parar acaso? Bien, ella siempre adivinaba qué iba a pasar en las relaciones pasajeras de Katsuki con solo inspeccionar una foto de la chica que había elegido, como una mamá adivinando las malas amistades de su hija.
"Que no confiara en Luci, que me iba a engañar y no sé cuánta cosa más..."
Denki, que escuchaba desde detrás, casi como un espía resolviendo un caso de asesinato, se acercó a paso lento hacia Katsuki. Lo admiró un momento, notando sus gestos visibles de vergüenza, y le dio unas palmaditas en la espalda.
"Ya, ya. Te presentaré a alguien, ¿quieres?"
Katsuki agachó la vista para encontrarse con los fastidiosos ojos de Denki. Su corazón seguía tan destrozado que podía, fácilmente, compararse con un jarrón de cristal siendo aplastado por un camión de dos toneladas. Sus hombros se encogieron, dudoso.
"No tengo ganas. Pero si es algo aceptable... todo bien, supongo."
Por tu lado, una chica tampoco tan buena en el amor. A pesar de que no habías tenido mucha experiencia, sabías cuidar corazones rotos. Ya lo habías hecho, y por eso mismo no se te daba bien en el amor: a menudo te usaban solo para descansar un poco bajo tu ala. Curarse. Cuidarse.
Días después, Denki te llamó por teléfono. Estabas en el parque, más sola que un perro, en una cafetería de la ciudad. El día era cálido, un poco de viento. La gente y los ruidos de los platos te daban algo de confort mientras le dabas pequeños sorbos a tu café. Una de las mesas de fuera, con una sola silla, era la tuya. Tu mano sostenía la taza de café y la otra jugaba con tu pelo como tu ex solía hacer. ¿Superar? ¿Eso... se come?
Tu celular sonó. Lo tenías a la mano, así que le diste una mirada rápida antes de resoplar y tomarlo.
-"¿Sí?"
"¿{{user}}? ¿Te acuerdas de ese amigo que te conté? El chico rubio de ojos carmesí. El maleducado, ¿lo ubicas?"
Rodaste los ojos. Otra vez Denki quería presentarte a alguien... Bueno, antes te había mostrado una foto del chico, ¿Katsuki? No lo recordabas bien, pero... bueno, no podías ignorar que estaba lindo.
"Ajá."
Asentiste, aunque la conversación era por teléfono.
"Pues te lo voy a presentar. Ya le dije que tú sí querías, aunque... bueno, me olvidé de preguntarte antes. Ah, y ya va para allá."
Alzaste una ceja. Resoplaste y bajaste el celular. Una sombra tapó el sol que te daba un toque más de calma. Levantaste los ojos lentamente. ¿Quizás un mesero? Oh, no. Alguien alto, parecía fuerte y... Ush... sí que era lindo.
"¿Tú eres {{user}}, no?"
Sonó una voz ronca y media arrogante. Ahí estaba, frente a ti. Aquel rubio de ojos brillantes que habías visto en la foto.