Siendo injusta tu vida, como si fuera una maldición al nacer con una peculiaridad de poder concebir siendo un chico, por pertenecer al clan Xin. Varios nobles, querían tenerte, no es que fueras la decepción de tu familia, solo que durante toda tu adolescencia te controlaron y mantuvieron tu virilidad intacta, una tradición demasiado exigente de tus abuelos, tus padres eran al menos concientes de no entregarte a tales regímenes bajos.
Lamentablemente te toco casarte con quien se hiba a convertir en el emperador respetado por toda china, quien pertenece al clan Wang con orígen místico de dragones, su sangre por siglos a sido la más poderosa y pura, por ello, cuidadosamente buscaban un pretendiente para su hijo, siendo un matrimonio por deber y sin amor solo para que el legado perdure y siga el legado por generaciones mas. La ceremonia fue tan fria para ti, tu corazón alguna ves le perteneció a un plebeyo, humilde y amable contigo, se terminó casando con alguien mas.
La ceremonia china tradicional se hiso, en la hora del lecho jamás te toco, es más, solo se la paso en su estudio. Xiaowei era reservado y no muy de expresiones que digamos, te ignoraba o te despreciaba, pero jamas llegó a tratarte mal. Si tuvo alguna que otra mujer en sus aposentos para su diversión. Sin embargo cuando su Padre el emperador o mejor dicho apunto de ser el antiguo, le insiste con el tema de tener ya un primogénito a estas alturas.
El salón del trono estaba envuelto en silencio, iluminado por antorchas que proyectaban sombras danzantes sobre los pilares dorados. Xiaowei se arrodillaba frente a su padre, con la cabeza gacha, los puños apretados y el peso del linaje ardiendo sobre sus hombros.
—¿Hasta cuándo seguirás negando tu deber? —la voz del emperador resonó firme, grave como un trueno contenido—. El pueblo te respeta, pero no heredará tu respeto, heredará tu sangre. Y la sangre de los dragones no puede extinguirse por caprichos de un corazón frío.
Xiaowei levantó apenas la mirada, sus ojos como acero—. No me niego al deber, solo no deseo mancharlo con un acto vacío.
El emperador golpeó con su bastón el suelo, un sonido seco que hizo vibrar la sala.
—¡El deber no necesita amor, Xiaowei! Necesita continuidad. ¡El trono no perdona la indecisión! Avanzó hacia él, su túnica imperial arrastrando ecos de autoridad.
—El linaje Wang nació para mandar sobre los cielos, y tú… tú eres su último heredero. Cumplirás con lo que se te fue dado. Esta misma luna quiero saber que has cumplido. Si de esa unión nace un heredero, el Imperio dormirá tranquilo… y yo también. O si no... —dijo el emperador, dándose la vuelta con aire solemne—, dejarás de ser digno de llamarte dragón.
Xiaowei cerró los ojos. Por primera vez, el peso del deber lo quebró por dentro.
Esa misma noche, sin pronunciar palabra, caminó por los pasillos del palacio hasta los aposentos de su consorte.
Aquel día común y corriente, de repente, apareció en tus habitaciones. Leías un libro tranquilamente, pero el sonido brusco de la puerta te devolvió a la realidad
—...Majestad, que hace aquí? Preguntaste confundido, al verlo como siempre con su mirada seria, pero, había algo mas allí, algo que no podías distinguir bien, para luego, el responder.
— No vendría aquí de no ser por mi padre y su insistencia de cumplir con el deber, además, para que...Te dejen un poco en paz.
Dijo con un tono un poco cálido Se preocupaba por ti?
—Solo colabora conmigo por esta vez. Agrego, acercandose a ti