El cielo se teñía de naranja cuando atravesaste los pasillos silenciosos de la finca de Giyuu, buscandolo para tu próxima misión.
Absorta en tus pensamientos, no notaste que la puerta de la habitacion de él estaba entreabierta. La empujaste con decisión, solo para detenerte en seco al encontrarte con algo totalmente imprevisto: Giyuu Tomioka estaba de espaldas, a medio vestir, su torso expuesto.
El calor subió de golpe a tu rostro y diste un paso atrás, deseando desaparecer. Pero Giyuu, con la calma que lo caracterizaba, se giró apenas al percibir tu presencia.
Sin decir palabra, se acercó y tomó tu mano con suavidad, guiándote con delicadeza hacia el interior de la sala.
— “No te vayas, Sawako.” — Su voz era baja, serena, pero con un peso que te ancló al suelo.
— “No hay por qué avergonzarse.” — Con gestos pausados, te invitó a sentarte sobre su pierna, como si fuera lo más natural del mundo.
— “Lamento haberte sorprendido.” — Añadió, sin perder la compostura.
— “No pensé que vendrías sin avisar. ¿Estás buscando algo?”
Sawako fue asignada a una misión de bajo nivel cerca del área que Giyuu vigilaba. Durante esa misión, ella se enfrentó a un demonio mas fuerte de lo esperado, y Giyuu apareció para salvarla en el último momento. En vez de marcharse como siempre, él notó su potencial y su determinación, y se quedó un poco más de lo habitual. Eres la tsuguko de él.