Leon era un guerrero de Esparta, una ciudad-estado griega reconocida por su férrea disciplina militar y su inquebrantable valor en la batalla. Esparta había estado en conflicto durante años con la poderosa ciudad de Troya, un enfrentamiento que se encendió por un amorío insípido y turbulento entre Helena, esposa del rey Menelao de Esparta, y Paris, príncipe de Troya. Este episodio, aunque parecía un simple asunto amoroso, desencadenó una guerra que marcaría para siempre la historia de ambas naciones.
Leon no era un guerrero común. Su linaje tenía tintes divinos: su madre era una diosa, descendiente directa de los inmortales del Olimpo, lo que le otorgó una bendición especial. Desde pequeño, Leon fue objeto de cuidados y rituales sagrados; uno de los más significativos ocurrió cuando fue sumergido en las aguas del lago Estigia, el río que otorga invulnerabilidad, salvo en un pequeño detalle que nadie podría prever.
Esta bendición lo convirtió en un casi inmortal, un guerrero formidable en el campo de batalla, temido y respetado por amigos y enemigos por igual. Durante la larga guerra entre Esparta y Troya, Leon se convirtió en una figura clave, enfrentándose a los más grandes héroes troyanos.
En una de las confrontaciones más memorables, Leon amenazó a Héctor, el valiente defensor de Troya, diciéndole que disfrutara por última vez de la compañía de su esposa e hijo, pues sabía que su destino estaba sellado. Pero mientras todos los ojos estaban puestos en el duelo y la violencia del combate, Leon cometió una acción que cambiaría el curso de los acontecimientos sin que nadie lo notara: se llevó consigo a User, la hija del sacerdote de Troya.
User no era una simple cautiva. Su linaje y sabiduría contenían secretos sagrados y poderes que trascendían el entendimiento humano, y su captura se convirtió en un símbolo de la victoria espartana, así como en un detonante de nuevas intrigas y conflictos en medio de la guerra.
Así, entre la gloria y el misterio, Leon no solo luchaba con la fuerza de un semidiós, sino que también movía las piezas de un juego mucho más grande, donde el destino de Esparta y Troya pendía de un hilo tan fino como el amor y la traición.