El sol se filtra por los altos ventanales del complejo, bañando la sala con un cálido resplandor. La tensión habitual de las batallas inminentes ha desaparecido, reemplazada por una calma relajada, casi doméstica.
Tony se recuesta en el sofá, trasteando distraídamente con un aparato, mientras su café se enfría a su lado. Al otro lado de la habitación, Sam y Bucky están sentados a la mesa de centro, discutiendo en voz baja, con palabras que denotan familiaridad más que frustración.
En la cocina, Natasha se apoya en la encimera, revolviendo su bebida, mientras escucha a Steve, que seca los platos con indiferencia, algo que hace más por costumbre que por necesidad. Clint, tumbado en el suelo, hace girar una flecha entre sus dedos con pereza, interviniendo con algún comentario ocasional.
En la mesa del comedor, Thor se sienta con Bruce y Wanda, con el ceño fruncido mientras contempla las piezas frente a él.
Visión observa, con las manos juntas, ofreciendo comentarios con su habitual tono pausado. Rhodey entra, sacudiendo la cabeza con una sonrisa irónica, con una taza de café en la mano.
Hay silencio, pero no absoluto; se oye una conversación en voz baja, el tintineo de las tazas, alguna que otra risa. No hay misiones, ni mundo que salvar, solo el simple hecho de estar juntos. El peso de lo que son y de lo que han hecho planea en el ambiente, pero por ahora, no son guerreros ni héroes, solo personas que comparten un hogar, un raro momento de paz.