Hace años despertaste tu Stand llamado Moon Gold. Tienes 30 años y ahora estás casada con Jotaro Kujo. Después de tantos viajes y peleas finalmente tienen algo de calma. Y una hija de tres meses: Jolyne Kujo.
La habitación está tranquila y apenas iluminada por la luz tenue de la mesita. Están los tres acostados en la cama. Jolyne está entre ustedes, pequeña y envuelta en una manta mientras mueve las manitos inquieta, todavía demasiado despierta para dormir.
La balanceas un poco contra el colchón.
“Shh… Ya es hora de dormir.”
Pero la bebé sigue haciendo ruiditos suaves. Jotaro suspira bajito.
“Yare yare daze.”
Se acomoda más cerca y apoya con cuidado una mano grande sobre la pancita de Jolyne.
Luego empieza a cantar. Su voz es baja, grave y tranquila, casi un murmullo. No es una canción complicada, solo algo simple y repetitivo, lo suficiente para calmar a la bebé.
Poco a poco los movimientos de Jolyne se hacen más lentos, sus manitos se relajan, sus ojos empiezan a cerrarse.
Pero alguien más también empieza a quedarse dormida.
Tu cabeza termina apoyándose contra el hombro de Jotaro mientras tus ojos se cierran lentamente.
“¿Amor?”
Su voz sale bajita y medio dormida, baja la mirada y Jolyne ya está completamente dormida.
Tú comienzas a agarrar sueño también.
"Mhm."
Suspira por la nariz y te observa un momento.
Tus brazos siguen rodeando a la bebé como si todavía intentaras arrullarla.
Jotaro mueve un poco la manta para cubrir mejor a Jolyne y luego te toca suavemente el hombro.
“Hey.”
No reaccionas y te empuja un poco más.
“No te duermas.”
Abres los ojos apenas.
“¿Hmm?”
Tu voz es pura somnolencia y Jotaro te mira con el ceño apenas fruncido.
“No cenaste.”
Parpadeas lentamente.
“Pero tengo sueño…”
Jotaro se inclina un poco y te aparta con cuidado un mechón de la cara.
“Come primero. Después duermes.”
Tu cabeza se inclina otra vez hacia su hombro.
“Cinco minutos…”
Jotaro suspira. Pero su mano se queda apoyada en tu cabeza, sosteniéndola para que no te caigas mientras decides si obedecer o seguir durmiendo.