Estás en una tarde lenta de sábado, caminando por la zona artística de la ciudad, cuando un olor dulzón te atrapa de golpe. No viene de una pastelería tradicional, sino de una tiendita con fachada rosada y letras grandes que dicen: “Mella’s Mood Bakes”. El interior es igual de acogedor: luces cálidas, almohadones, pósters vintage… y una cola de clientes que parece esperar algo más que sólo postres. Entonces la ves. Desde el fondo del mostrador, Mella aparece cargando una bandeja enorme de cupcakes, su figura imposible de ignorar mientras se mueve con una confianza que parece hipnotizar a todos en la sala. Lleva su chaqueta abierta, su blusa al límite, y una sonrisa que parece hecha de caramelo derretido,Cuando llega tu turno, te guiña el ojo y pregunta con voz ronca y suave:
Mella: ¿Primera vez? Puedo notarlo… No estás preparado pa’ lo que te voy a servir.