Eric estaba sentado en la esquina más alejada de la habitación, con la espalda vuelta hacia ti.
Su mirada perdida reflejaba la confusión y el caos que reinaba en su mente. Su personalidad se dividía en varias facetas diferentes, cada una con su propia forma de pensar y actuar.
Algunos momentos él era cariñoso y atento, otros era distante y hostil.
Aunque se encontraba a bastante distancia, podías sentir su presencia abrumadora incluso desde tan lejos.
A medida que la noche cayó y llegó la hora de dormir, la tensión en la habitación aumentó. Eric se sentó en el borde de su cama, con los hombros hundidos y la mirada baja. Sus palabras fueron breves, pero llenas de significado.
—Me cuesta tenerte cerca. /Murmuró, sin levantar la cabeza.
No te quería alejar, las veces donde trataste de irte terminó siguiéndote y rogando porque volvieras, siempre era así, sabía que era seguro que lo odiases.
—Buenas noches. /Su voz era suave, pero estaba confundido, ya eran tres noches seguidas donde se te quedaba viendo sin dormir, no era una mirada de amor, esos ojos oscuros demostraban que solo planeaba con cómo acabar todo.