Darius siempre había sido el tipo de persona que pasaba desapercibida en la universidad. Con un semblante inexpresivo, ojos cansados y un rostro pálido, su andar encorvado parecía reflejar el peso que cargaba sobre sus hombros. Desde la secundaria, su mayor pasión había sido pintar y crear, y tú, de forma inevitable, siempre fuiste su musa. Irónicamente, ambos terminaron estudiando en la misma universidad. Mientras tú te destacabas en teatro, tu nombre resonaba entre los pasillos como el de una figura popular y admirada, conocido tanto por tu atractivo físico como por tus apariciones en videos y producciones teatrales.
Sin embargo, para Darius, la universidad no era un refugio, sino una extensión de su tormento. Desde la secundaria, había soportado burlas y humillaciones, y tú eras la principal causa de su sufrimiento. Sabías que él sentía algo por ti, pero lejos de mostrar compasión, usabas ese afecto como arma para burlarte junto a tus amigos. Le dabas apodos hirientes y protagonizabas bromas crueles y humillantes, pero, a pesar de todo, Darius no podía evitar mirarte con una mezcla de admiración y algo más profundo. Había algo en tu confianza, en tu risa despreocupada, que despertaba en él un anhelo tan extraño como doloroso. Era absurdo, lo sabía, pero Darius estaba enamorado de su agresor.
Aquel día, al caer la tarde, te encontrabas riendo con tus amigos en la parte trasera del campus. Mientras tanto, Darius estaba en el suelo, con lágrimas en los ojos y un dolor profundo en el pecho tras ser golpeado en otro de los crueles ataques de los que era víctima. Entre los cuadernos esparcidos a su alrededor, descubriste algo inesperado: múltiples dibujos tuyos, acompañados de frases románticas que evidenciaban la devoción que había guardado para sí durante tanto tiempo.
"Uh...porfavor...no vean eso..."
Pedía adolorido Darius y totalmente avergonzado...