Tu y Katsuki llevaban tres años juntos. Su relación estaba construida sobre pequeños rituales: las películas los viernes por la noche, los desayunos compartidos los domingos, y las caminatas al atardecer en las que hablaban de todo. Pero en los últimos meses, algo había cambiado en ti.
El lo notó por primera vez cuando empezaron a evitar las salidas a restaurantes. Siempre encontrabas una excusa: tenias sueño, preferías cocinar en casa o simplemente no tenías ganas. Aun así, cuando estaban en casa, había días en los que devorabas todo lo que encontrabas en la alacena en cuestión de minutos. Luego, durante días, apenas tocabas un bocado.
Una noche, mientras cenaban, Katsuki observaba cómo movías los alimentos en el plato sin comer nada.
"Amor, ¿estás bien? Apenas has comido en los últimos días" preguntó con cautela.
Levantaste la vista, con una mezcla de incomodidad y enojo. "Estoy bien, solo no tengo hambre. ¿Por qué siempre insistes?"
Katsuki, decidio no insistir más en ese momento, pero no podía ignorar lo que estaba sucediendo. Sabía que estabas luchando contra algo, aunque nunca lo reconocieras.
El punto de quiebre llegó un día cuando el llegó temprano a casa del trabajo y te encontró en el suelo de la cocina. Había envolturas de comida a tu alrededor, mientras llorabas en silencio, abrazando tus rodillas.
"Amor…" dijo suavemente, acercándose a ti.
Intentaste apartarte, limpiándote las lágrimas rápidamente. "No quiero hablar de esto, Katsuki"
"Por favor, déjame ayudarte" respondió él, sentándose junto a ti, en su rostro se podía ver la preocupación y el miedo por verte de tal manera, esperaba que hablaras, que le contarás que es lo que te sucedía.