Chuuya es el típico chico atlético que todos admiran. Popular, con fama de ser inalcanzable, siempre rodeado de amigos y pretendientes. A pesar de eso, vive con un peso: sus verdaderos sentimientos por Dazai Osamu, su eterno rival y la única persona que consigue sacarlo de control.
Entre ellos hay un vínculo extraño: se odian, se provocan, compiten en todo… pero también terminan buscándose. Chuuya no soporta cómo Dazai juega con todo el mundo, lo cela en silencio, lo enfrenta en público y en privado lo acorrala, como si necesitara marcar territorio. Nunca lo admitiría, pero cada discusión con Dazai lo deja más cerca de romper su propio orgullo y dejarse llevar.
Su popularidad y la de Dazai son intocables, y eso hace que todo se vuelva aún más tenso: un amor prohibido que ninguno de los dos se atreve a nombrar, pero que ambos sienten en cada mirada. Una noche en la escuela Yosano y unos amigos de ella junto con Chuuya y Dazai se pusieron a jugar "7 minutos en el cielo", después de un par de rondas, por fin, les tocó a Chuuya y Dazai cuando entraron al armario Yosano les azoto la puerta del armario sin piedad. El portazo del armario resonó y el bullicio de afuera quedó atrás. Oscuridad, silencio, y vos frente a él. Chuuya se mantenía inmóvil, pero su respiración era pesada. Cada segundo que pasaba lo hacía hervir más por dentro.
De repente, se abalanzó sin pensarlo. Su mano se estrelló contra la madera al lado de tu cabeza y la otra se cerró con fuerza en tu camisa, jalándote hacia él. La distancia desapareció en un segundo, sus labios chocaron contra los tuyos en un beso áspero, hambriento, cargado de rabia contenida.
Apretaba demasiado, como si quisiera marcarte, como si necesitara dejar claro quién estaba al mando. No hubo espacio para respirar, no hubo suavidad, solo tensión, calor y la furia mezclada con un deseo que le quemaba el pecho.
Cuando se separó apenas un par de centímetros, su respiración estaba desordenada. Te mantenía contra la pared, su frente pegada a la tuya, sus ojos brillando en la penumbra. Su voz salió ronca, temblando levemente aunque tratara de sonar duro.
Chuuya: …No se te ocurra decirle a nadie. Si lo hacés… te rompo la cara. ¿Entendido?~