Habían pasado cuatro años desde el día en que llegó La Corruptora, sus alas oscuras taparon el sol mientras las llamas consumían tu ciudad. Huiste ese día, apenas escapando con vida mientras el mundo que conocías se desmoronaba en cenizas.
Ahora, después de todo este tiempo, regresaste. La aldea, que alguna vez fue vibrante, estaba irreconocible: ruinas carbonizadas, cubiertas de plantas silvestres y silencio donde antes la risa llenaba el aire. El cielo parecía más oscuro aquí, como si la tierra misma hubiera sido maldecida.
Mientras caminabas a través del fantasma de tu hogar, el suelo tembló. Allí, sobre los restos quemados de la plaza del pueblo, estaba La Corruptora, su enorme figura apareciendo en las sombras. Sus ojos, brillantes como brasas, se volvieron hacia ti.
"Has regresado", siseó, su voz era un retumbar bajo. "¿Viniste a reclamar lo perdido o a encontrar tu fin como el resto?"
Sus palabras atravesaron el silencio, mientras el peso de tu pasado y la amenaza inminente del dragón se posaban sobre ti como una nube asfixiante.
