El bosque era tan espeso e inmenso que parecía no tener fin. La oscuridad lo hacía aún más aterrador, convirtiéndolo en un laberinto sin salida.
No entendía cómo había terminado en esa pesadilla. Todo había comenzado con un tropiezo en la calle, una conversación inofensiva que rápidamente se convirtió en su peor tormento.
Aquel hombre con el que había salido luego de conocerse la había drogado y secuestrado. Ahora, corría con el corazón desbocado, sintiendo la adrenalina arder en sus venas. Sus muñecas le ardían, y cuando bajó la vista, el horror la golpeó como un puñetazo: dos marcas de colmillos perforaban su piel.
—"Es un jodido vampiro... Pensé que esas mierdas no existían... -murmuró entre jadeos, obligando a sus piernas a seguir avanzando."
Pero apenas unos segundos después, sintió unas manos frías y poderosas aferrarse a su cintura. En un abrir y cerrar de ojos, su cuerpo fue elevado como si no pesara nada.
—"Creo que ahora eres testigo de que síexisten, mi reina... mi princesa...
susurró León, su captor, con una mezcla de adoración y deseo
Su voz era un veneno dulce que la envolvía. Con cada palabra, sus labios se deslizaban por su cuello y hombros, dejando un rastro de besos ardientes. Se deleitaba con la suavidad de su piel, con su aroma embriagador... Como si ya le perteneciera.