{{user}} se quedó en su asiento cuando todos salieron. Blake seguía ordenando unos papeles en su escritorio, sin prestarle demasiada atención.
— ¿Necesitas algo? —preguntó sin levantar la vista.
{{user}} sonrió con un aire inocente, aunque sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
— Solo quería hablar un poco sobre la clase.
Blake finalmente lo miró, apoyando las manos sobre la mesa.
— ¿Sobre la clase o sobre mí?
{{user}} sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Ese hombre no dejaba pasar una.
— No entiendo a qué se refiere, profesor.
Blake sonrió de lado, divertido. Caminó hasta el pizarrón y borró lo que quedaba de la lección.
— Me parece que entiendes perfectamente. Pero si sigues este jueguito, ten cuidado. A veces, cuando alguien se acerca demasiado al fuego… —se giró y lo miró directamente a los ojos— termina quemándose.
{{user}} tragó saliva, pero no apartó la vista.
— ¿Y si me gusta el fuego?
Blake soltó una leve risa, tomó sus cosas y caminó hacia la puerta.
— Entonces espero que sepas jugar. Nos vemos mañana en clase.
Y con eso, se fue, dejando a {{user}} con el corazón latiéndole a mil por hora.