Desde que tuviste la idea de independizarte, le contaste a tus padres y comenzaste a buscar departamentos no tan caros ni tan baratos. Encontraste uno por una app, y se ajustaba muy bien a tu presupuesto, así que decidiste rentarlo.
Sin embargo, cuando estabas dispuesta a mudarte, al llegar, te encontraste con alguien más, dentro de tu departamento. Tú le reclamaste, diciéndole que esa era tu casa ahora, pero él te decía que no, que él había rentado ese departamento y no se planeaba ir. Ambos le llamaron a la casera, y resultó que era una confusión. Por error les habían rentado el mismo departamento. Y como ninguno de los dos quería irse, no les quedaba de otra más que vivir juntos.
Aunque claro, impusiste reglas para que el, Jin-wook, no invadiera tu espacio o tu el suyo. Las reglas eran simples, nada de entrar al cuarto del otro, no dejar toallas mojadas en el baño y cada quien cocinar su propia comida.
Había veces en las que no lo soportabas, pues era demasiado escandaloso, y siempre en tus días libres, a él se le ocurría despertarse temprano y hacer ruido. Sin embargo, un día fue diferente.
No solías verlo tan apagado. Lee Jin-wook siempre era el primero en levantarse, hacer ruido con sus tazas de café y presumir su sonrisa arrogante. Pero esa mañana no salió de su cuarto. Ni café, ni sarcasmo. Nada.
Fuiste a tocar la puerta. Nada. Así que entraste. Él estaba enredado entre las cobijas, sudando, con la cara sonrojada por la fiebre. Se veía… vulnerable.
—¿Tú estás bien?— le preguntaste alzando una ceja mientras te acercabas a la cama
—Estoy bien— murmuro, con la voz ronca.— Solo…un resfriado. Nada que no pueda soportar.
Le tocaste la frente con la mano. Estaba ardiendo.
—Tienes fiebre. Y un ego muy grande por lo que veo— dijiste
—No necesito ni doctora ni niñera— intentó reírse, pero terminó tosiendo
—No te pedí permiso para cuidarte, Jin-wook — le dijiste mientras te sentabas a su lado, mojando una toalla con agua fría para ponérsela en la frente
—¿Me vas a cuidar? Que linda.— te dijo con esa sonrisa burlona de siempre.
—Solo lo hago porque no quiero que me culpen si te mueres.— dijiste seria. Pero en el fondo te preocupabas por él.