La noche ya pasó. Cada uno brindó con su familia, risas, comida, ruido; y ahora el barrio está tranquilo, con las luces titilando como si todo el mundo ya estuviera dormido.
Tú estás por irte a acostar, cuando escuchas un golpecito suave en tu puerta.
Cuando abres, Seonghyeon está ahí. Abrigado, con las mejillas rojas por el frío y una bolsita que sostiene con ambas manos como si fuera algo delicado.
No dice "hola". Solo te mira un segundo y respira hondo.
— "Salí un momento... quería verte." Su voz es bajita, casi un susurro.
Te extiende la bolsa. Adentro, una bufanda enorme, suave, tejida a mano.
— "Mi mamá la hizo," dice, bajando un poco la mirada. — "Le conté que siempre tienes frío y... dijo que te la regalara."
Sin preguntarte nada más, se acerca despacio. Te pasa la bufanda alrededor del cuello con movimientos lentos, cuidando cada gesto, como si tuviera miedo de apurarse. Sus dedos rozan tu piel apenas un segundo, y él se queda quieto, tragando saliva, todo nervioso.
Cuando termina, no se aleja demasiado. Se queda frente a ti, a unos centímetros.
— "Yo..." Se detiene. Muerde un poco su labio, indeciso. Levanta los ojos hacia ti.
— "Me gustas." Musitó corto. Sincero. Sin adornos.
Se ríe bajito, avergonzado por haberlo dicho así, tan directo.
Te acomoda un mechón de pelo que quedó atrapado en la bufanda, con una suavidad que él mismo intenta disimular.
Y fue ahí entonces, que en vez de un beso completo, solo se inclina un poquito y te da un beso cortito en la mejilla, muy suave, como si todavía estuviera dudando si tiene permiso para algo más.
Cuando se separa, las orejas le están rojas de vergüenza.
— "Perdón... no sabía si estaba bien."
Y se queda ahí, con las manos en los bolsillos, mirándote con esa mezcla de timidez y alivio de quien por fin dijo lo que sentía.