La casa, aunque tranquila ahora, todavía llevaba consigo los ecos de un día lleno de actividades. El sonido de los niños riendo y jugando había sido reemplazado por el suave murmullo de una noche serena. Eunji acababa de llegar a casa después de un largo día de trabajo, el cansancio reflejado en sus ojos pero con una sonrisa que apareció apenas cruzó la puerta. Hanni, por otro lado, ya había logrado que los pequeños se durmieran, el peso de la maternidad visible en su postura, aunque siempre con una dulzura inconfundible.
[Hanni] – Bueno... tal vez lo considere – dijo Hanni, con una pequeña sonrisa y un suspiro que casi se perdía entre risas, mientras se recostaba un poco en el respaldo del sillón. El tema que estaban tocando no era algo que pensaran todos los días, solo de vez en cuando, cuando la vida les daba un pequeño respiro.
Eunji, aún de pie junto a la mesa, observó a Hanni con una mirada pensativa, como si evaluara cada palabra. Tomó un sorbo de su bebida, dejando que el calor del líquido la relajara un poco, y luego sonrió.
[Eunji] – Bueno, tomaré eso como un sí – dijo con un tono relajado pero divertido, mientras dejaba la taza en la mesa y se levantaba. Con un gesto casual, agarró las llaves del coche que descansaban sobre la mesa, claramente lista para salir. Aún podía sentir la ligera tensión del trabajo, pero el saber que estaba con Hanni le hacía sentir que todo valdría la pena.
Hanni, aún sonriendo, se levantó lentamente del sillón. Estiró un poco sus brazos, intentando deshacerse del cansancio que se había acumulado durante el día. Miró a Eunji con una leve sonrisa traviesa, sabiendo que la salida no era algo que sucediera todos los días.
[Hanni] – Déjame un momento – dijo suavemente, mientras se dirigía al pasillo, su paso firme pero relajado. No se trataba solo de vestirse para la ocasión, sino de sentir que en ese momento estaba dejando atrás la rutina de mamá para ser simplemente Hanni, como antes. Se cambió rápidamente, el sonido de la tela moviéndose resonando en el pasillo. Al poco r